jueves, 19 de febrero de 2015

MEDITACION DIA SEGUNDO DE CUARESMA

                                                            

                                       Jueves dia segundo.
       de cuaresma

                         CERTIDUMBRE DE LA MUERTE.


¡Con que la muerte es una deuda universal que todos por nuestro turno hemos de pagar á la Justicia divina! ¡ Con que es cierto que hemos de morir todos sin distincion de clases, de dotes y de gerarquías! ¡Oh! sí; lo veo, lo toco. Ni la grandeza , ni el saber, ni la opulencia , ni el talento, ni la virtud, ni la robustez , ni la hermosura están dispensadas de esta ley suprema... Ley suprema y niveladora de todo lo que la humana vanidad diferencia y clasifica, y terrible comun medida por la cual deben ser medidos é igualados todos los hombres.... ¡Ah! imposible parece... Pero ¿qué es la grandeza del hombre y el saber del hombre y el poder y la riqueza del hombre , sino ceniza y polvo y nada? qué es su robustez sino una débil caña plantada en la arena que basta una ráfaga de airecitlo para abatirla? qué su hermosura sino una tierna y fresca flor de la mañana que cierra su capullo y cae marchita y desecada al caer la tarde?.. Efímera existencia la del hombre! basta y sobra á derribarla un tenue airecillo incapaz de agitar la diminuta hojuela de un rosal... ¡Y tanta vana presuncion! y tanto orgullo! y tanta petulancia! y tanta satisfaccion de sí mismo!... ¡Oh loca é infatuada humanidad !... ¡Oh vanidad de vanidades de este frivolo y miserable y malicioso mundo!

 ¡Ah!... Entremos ¡oh alma mia! entremos de una vez en cuentas con nosotros mismos : contemos el cargo de nuestras faltas por la suma de las horas pasadas: aprovechemos el momento presente para torcer el rumbo, y vamos á asegurar nuestra suerte.en la incierta cuenta de las horas futuras. Reflexionemos la triste suerte que nos hubiera cabido, si en aquel entonces hubiésemos sido llamados á juicio ; y horrorizados del peligro que corrimos, postrémonos compungidos á la presencia del Padre de las misericordias y digámosle de todo corazon :





                                       ORACIÓN.


Oh misericordiosísimo Jesus mio, que no quieres la muerte del pecador, sino que reconozca sus culpas y se arrepienta y viva. ¡ Cuántas veces me has llamado tiernamente á tu regazo en los momentos en que yo sordo á tus voces, y todo lleno de la voz de mis torpes sentidos, corría desalado y ébrio tras de mis locos .devaneos y deplorables extravíos ! ¡Cuántas veces has esperado con los brazos abiertos á esta ciega y alma mia que mas se empeñaba en huirte y alejarse de tí cuanto mas tú la llamabas amoroso y diligente ! 

¡ Ah! qué mal he comprendido yo la excelencia y eficacia de tu amor, y cuán mal he correspondido á la efusion de tu cariño y á la grandeza de tu clemencia inagotable.... ¡ Dios mio ! mi buen Jesus l mi amoroso dueño! ¿quién soy yo, ni qué es lo que yo valgo para que tú  hayas amado y favorecido con tanto exceso? Tarde ¡oh ! tarde conozco yo la grandeza de tu bondad y la bajeza y ruindad de mi pasada conducta.
 Perdon, mi Dios; perdon, que ya contrito y reconocido á tus mercedes» me vuelvo á tí con ánimo de no separarme mas de tí; de servirte , de amarte y adorarte todos los restantes dias de mi vida. Ea ¡ Señor mio! conforta en mí estos santos propósitos, aviva en mí el deseo de no vivir en adelante sino por tí, estréchame , abrásame, consúmeme en la llama de ese puro y ardiente amor que tú me has tenido y del cual me das un vivo testimonio en el misterio de este augustísimo y adorable Sacramento.

DESPERTADOR CUARESMAL
AÑO 1855 DISPONIBLE POR GOOGLE


miércoles, 18 de febrero de 2015

AYUNO DE CUARESMA

MIÉRCOLES DE CENIZA.



Empezamos hoy, hermanos mios, dice san Bernardo, el santo tiempo de Cuaresma; este tiempo de combates y de victorias para el cristiano, por medio de las armas del ayuno y de la penitencia. ¡ Con qué ánimo, con qué confianza, con qué fervor debemos comenzar esta carrera! pero ¡con qué religion y con qué exactitud debemos observar este ayuno los viernes! Es esta una ley, dice san Bernardo, comun á todos los fieles. Habiendo Jesucristo ayunado cuarenta dias y cuarenta noches, ¿se atrevería un cristiano á dispensarse del ayuno de Cuaresma? San Agustín dice que el ayuno de cuarenta dias establecido en la Iglesia está autorizado por el Antiguo y por el Nuevo Testamento: por el Antiguo, puesto que Moisés y Elias han ayunado un número igual de dias seguidos; por el Nuevo, puesto que el Evangelio nos hace ver que Jesucristo ha ayunado otro tanto tiempo; por donde vemos la conformidad del Evangelio con la Ley figurada por Moisés, y con los Profetas representados por Elias. Sin duda por esto, añade este santo Doctor, apareció Jesucristo entre Moisés y Elias en su Transfiguracion, para significar mas auténticamente lo que el Apóstol dice del Salvador, que la Ley y los Profetas dan testimonio de él.
Puede decirse con verdad que el ayuno de Cuaresma es tan antiguo como el Evangelio, puesto que el Hijo de Dios no comenzó á predicar su Evangelio sino después de haber ayunado cuarenta dias y cuarenta noches; pero aunque pueda decirse que fue esta la primera institucion de la Cuaresma, puesto que san Gerónimo dice que Jesucristo santificó entonces el ayuno de los Cristianos, no se puede decir que el ejemplo de Jesucristo haya sido desde entonces una ley inviolable, á la cual hayan estado sujetos todos sus discípulos. Aun por la misma respuesta que el Salvador dió á los fariseos, parece que no habia querido obligar á sus discípulos á que ayunasen, hasta después que estuviesen privados de la presencia del Esposo celestial: dia vendrá, dice, en que les será quitado el Esposo, y entonces ayunarán. En efecto, apenas el Salvador habia subido al cielo, cuando los ayunos fueron muy frecuentes entre los Apóstoles, y entre loslprimeros fieles. Así es que aunque el ayuno sea de precepto divijfb, el establecimiento de la Cuaresma, esto es, la forma del ayunov ó la manera de ayunar un número de dias reglado antes de Pascua, es de institucion apostólica. El Salvador, dice san Gerónimo, santificó por su ayuno de cuarenta dias el ayuno solemne de los Cristianos, y su ejemplo fue la primera institucion de Cuaresma; pero no hizo entonces un precepto expreso: probablemente desde su Resurreccion hasta su Ascension fue cuando enseñando á sus Apóstoles acerca del modo con que debian formar su Iglesia, y las observancias religiosas que quería que se estableciesen en ella, les indicó el tiempo y la forma del ayuno de Cuaresma. El ejemplo del Salvador del mundo fijó el número de dias, y el tiempo inmediatamente anterior á la Pascua les pareció el mas propio para que sirviese de preparacion á esta gran fiesta. En efecto, dice san Agustín, no podría elegirse en todo el año un tiempo mas conveniente para el ayuno de Cuaresma que el que termina en la pasion de Jesucristo; y este es puntualmente el que el Espíritu Santo ha fijado en la Iglesia.
Como las seis semanas de Cuaresma no comprenden mas que treinta y seis dias de ayuno, la Iglesia, siempre conducida por el Espíritu Santo, ha añadido á ellas los cuatro dias precedentes, y ha fijado el principio de esta santa cuarentena al miércoles de Ceniza. Es bien sabido que se llama así este primer día del ayuno de Cuaresma, á causa de la santa ceremonia de poner la ceniza sobre la cabeza de los fieles que en él se acostumbra. No solo en la nueva Ley, sino tambien en el Antiguo Testamento, han sido las cenizas el símbolo de la penitencia, y la señal sensible del dolor y de la afliccion. Queriendo Thamar dar á conocer su pesar y su dolor, puso ceniza sobre su cabeza. (UReg.xm). Yo me acuso ámí mismo, dice Job hablando con el Señor, y hago penitencia en el polvo y en la ceniza. (Job, Xlíi). Asustados los israelitas al acercarse Holofernes, y queriendo los sacerdotes apaciguar la cólera de Dios, le ofrecen sacrificios con la cabeza cubierta de ceniza. (Judtíh, ív). Mardoqueo consternado con la nueva de la desgracia que amenazaba á toda su nacion, se reviste de un saco y se cubre la cabeza con ceniza. (Esth. ív). Todo el pueblo hizo lo mismo en las provincias. Los ancianos de la ciudad de Sion, dice Jeremías en sus Lamentaciones, han cubierto su cabeza con ceniza en espíritu de penitencia. (Jer. vi). Daniel juntó al ayuno y á la oracion la ceniza, para apaciguar al Señor irritado contra su pueblo. (Dan. ix). Deseando el rey de Nínive apaciguar al Señor, descendió de su trono, se cubrió con un saco, y se sentó sobre la ceniza. (Jome, ra). Los Macabeos acompañaron su ayuno solemne con la ceremonia de la ceniza que pusieron sobre la cabeza. (/Machab. m).
No se ha usado menos en la nueva Ley que en la antigua la ceremonia de la ceniza. Reprendiendo Jesucristo á los de Corozáin y de Bethsáida su endurecimiento y su indocilidad, dice, que si los milagros que se han hecho entre ellos se hubiesen hecho en Tiro y ea Sidon, habria ya mucho tiempo que hubieran hecho penitencia en el saco y en la ceniza. (Malth. xi). Ninguna cosa fue mas comun entre los penitentes desde los primeros dias de la Iglesia. Los Padres y los concilios antiguos han añadido siempre la ceniza á la penitencia. Optato reprendía á los Donatistas el haber puesto en penitencia á las vírgenes consagradas á Dios, poniéndoles ceniza sobre la cabeza. San Ambrosio dice que la ceniza debe distinguir al penitente. (Lib. 1 ad Virg. laps. 8). Y san Isidoro, arzobispo de Sevilla, dice, que los que entran en penitencia ponen ceniza sobre su cabeza, en reconocimiento de que á consecuencia del pecado no son mas que polvo y ceniza; y que con justicia ha pronunciado Dios contra ellos la sentencia de muerte.
Reginon ha tomado de los antiguos concilios el modo con que se ponia la ceniza á los grandes pecadores, y la ceremonia del día de ceniza. Todos los penitentes, dice, se presentaban á la puerta de la iglesia cubiertos con un saco, los piés desnudos, y con todas las señales de un corazon contrito y humillado. El obispo ó el penitenciario les imponía una penitencia proporcionada á sus pecados. Después, habiendo recitado los salmos penitenciales, se les imponían las manos, se les rociaba con agua bendita, y se cubria su cabeza con ceniza. Esta era la ceremonia del día de ceniza, ó de los primeros dias de los ayunos de Cuaresma, paralos pecadores públicos, cuyos enormes pecados habian hecho mucho ruido y causado escándalo. Pero como todos los hombres son pecadores, dice san Agustín, lodos deben ser penitentes; esto es lo que movió á los fieles, hasta á los mas inocentes, á dar en este dia una señal pública de penitencia recibiendo la ceniza sobre su cabeza. Ninguno de los fieles se exceptuó; lo» príncipes como sus vasallos; los sacerdotes, y aun los obispos, dieron al público desde los primeros tiempos este ejemplo tan edificante de penitencia. Y lo que habia sido en el principio peculiar solo de los penitentes públicos, se hizo por fin comun á todos los hijos de la Iglesia, por la persuasion en que todos deben estar, conforme á la palabra de Jesucristo, que no hay nadie por inocente que se crea, que no tenga necesidad de hacer penitencia. Los mismos Papas se someten como los demás á esta ceremonia humillante de la Religion; toda la distincion respetuosa que se hace al Vicario de Jesucristo, consiste en no decir nada al imponerle la ceniza.
Acuérdate, hombre, que eres polvo, y que te convertirás en polvo. Estas son las memorables palabras que Dios dijo al primer hombre en el momento de su desobediencia, y las mismas dirige la Iglesia en particular á cada uno de nosotros, por boca de sus ministros, en la ceremonia de este dia. Palabras de maldicion en el sentido que Dios las pronunció, dice el mas célebre de los oradores cristianos; pero palabras de gracia y de salud, en el fin que se propone la Iglesia cuando nos las dice. Palabras terribles y fulminantes para el hombre pecador, porque significan el decreto irrevocable de su condenacion a muerte; pero palabras dulces y consoladoras para el pecador penitente, dice san Crisóstomo, porque le enseñan el camino de su conversion por la penitencia. Tomad en la mano un puñado de ceniza, dijo Dios á Moisés y á Aaron, y derramadla sobre el pueblo. (Exodos, ix). Esta ceniza así derramada, dice la Escritura, fue como la materia con que Dios formó los azotes que afligieron á todo el Egipto, y causaron en él una desolacion tan general. El electo de la ceremonia de este dia tiene un efecto muy diferente en el Cristianismo; porque los sacerdotes de la ley nueva no derraman hoy la ceniza sobre nuestras cabezas, sino para apaciguar la cólera del Señor por este acto de humillacion, para atraernos las gracias y los favores de Dios, para hacernos acreedores de su bondad, y para excitar en nuestros corazones los sentimientos de una verdadera penitencia; y en este espíritu y con esta disposicion se debe practicar en este dia la ceremonia de la ceniza. Esta se hace de la leña de los ramos benditos en el año precedente, y llevados en la procesion el domingo de Ramos. Tambien se bendice esta ceniza por el sacerdote antes de ponerla sobre la cabeza de los fieles, y basta hacerse cargo de las ora-, ciones de que la Iglesia se sirve en esta bendicion, para comprender con qué espíritu de religion se debe participar de esta saludable ceremonia.
Comienza el sacerdote la bendicion de las cenizas por el versículo del salmo Lxviii : Oid, Señor, mis ruegos, ya que tanto os complaceis en hacer bien; seguid los movimientos de vuestra infinita misericordia, y poned en mí vuestros ojos. Dios omnipolente y eterno, continúa el sacerdote, sed propicio á los que os ruegan con confianza , y perdonad á los pecadores penitentes. Dignaos enviar vuestro santo Ángel del cielo, que bendiga y santifique estas cenizas, para que sean un remedio saludable á lodos aquellos que con un corazon contrito y humillado invocan vuestro santo nombre, confiesan públicamente que son pecadores, y penetrados de un vivo dolor de haberos ofendido, se postran hoy delante de Vos, implorando vuestra infinita misericordia.
 Dignaos, Dios de bondad, dejaros inclinar por este acto de religion; y haced por la invocacion de vuestro santo nombre, que todos los que recibieren estas cenizas sobre su cabeza, además del perdon de sus pecados, reciban tambien la salud del cuerpo y del alma. Por Nuestro Señor Jesucristo.
Ó Dios, que no quereis la muerte, sino la conversion de los pecadores , apiadaos de la fragilidad humana, continúa el sacerdote, y dignaos por vuestra misericordia bendecir Vos mismo estas cenizas, que queremos poner sobre nuestra cabeza, en señal de la humildad cristiana de que hacemos profesion, y para obtener por este acto de penitencia el perdon que esperamos; á fin de que, cuando por él reconocemos que no somos mas que polvo, y que en castigo de nuestra prevaricacion nos convertirémos en polvo, obtengamos de vuestra misericordia el perdon de todos nuestros pecados, y la recompensa que habeis prometido á los que hacen una verdadera penitencia. Por Jesucristo nuestro Señor. Así sea.
Ó Dios, que os dejais rendir por la humillacion, dignaos escuchar nuestros ruegos y nuestros votos, y mientras que la cabeza de vuestros siervos está cubierta con la ceniza, derramad vuestra gracia en sus corazones; á fin de que los lleneis del espíritu de compuncion, les concedais el efecto de su justa peticion, y que ya no pierdan las gracias que les hubiéreis concedido. Os lo suplicamos por Jesucristo nuestro Señor.
Dios omnipotente y eterno, que os habeis dignado perdonar á los ninivitas, cubiertos de ceniza, y revestidos con un saco en señal de su penitencia; concedednos, por vuestra misericordia, la gracia de que imitándoles hoy en las señales de nuestra penitencia, obtengamos como ellos el perdon de nuestros pecados. Por Nuestro Señor, etc. La Iglesia termina esta bendicion de la ceniza, exhortando á todos los fieles de una manera patética, y en el sentido del profeta Joel, á que se haga útil y eficaz la ceremonia de la ceniza. No nos reformemos solo en lo exterior, por la modestia de los vestidos, en. la ceniza, y en el cilicio: ayunemos, y acompañemos nuestros ayunos con lágrimas de contricion, que debemos derramar delante del Señor; porque nuestro Dios está lleno de bondad y de misericordia, y siempre pronto á perdonarnos nuestros pecados: corrijamos las faltas que hemos cometido ó por flaqueza, ó por ignorancia, ó por malicia; y no difiramos el hacerlo, no sea que sorprendidos por la muerte no tengamos tiempo para convertirnos.
La Epístola de la misa de este dia está tomada del profeta Joel al capítulo ii. Nada podia convenir mejor al espíritu y á la celebridad de este dia. Los azotes con que Dios castigaba los pecados de su pueblo le ofrecen una buena ocasion al Profeta para estimularle á que procure apaciguar la cólera de Dios por medio del ayuno y de la penitencia, prediciéndole que el Señor movido por la humillacion , por la maceracion del cuerpo y la oración, derramará sus bendiciones sobre los corazones contritos y humillados, y colmará de bienes las almas verdaderamente penitentes. El estilo de este Profeta es pomposo, magnífico, vehemente, expresivo, figurado, y al mismo tiempo vivo, interesante y patético. La alegoría de las langostas, comparadas á un ejército, está perfectamente bien sostenida. Sus pinturas son vivas. Pinta las cosas de modo que parece que se ven. Romped vuestros corazones y no vuestros vestidos, y convertios al Señor vuestro Dios, porque es bueno y compasivo, paciente y rico en misericordia, y todavía mas misericordioso que nosotros perversos. Era entonces una costumbre muy ordinaria el desgarrar los vestidos en el luto y en el transporte del dolor. Innumerables son los ejemplos que presenta la Escritura. Pero Dios no se contenta con estas señales equívocas de conversion, de dolor y de arrepentimiento; quiere una conversion sincera, un dolor interior, un corazon contrito y despedazado de dolor; quiere la conversion del corazon, la reforma de las costumbres; pide frutos dignos de penitencia. ¿ Quién sabe si se aplacará con nuestras lágrimas, y se ablandará viéndonos humillados? El Profeta designa á la vez tres disposiciones con que debemos hacer la penitencia: la confianza en la bondad de Dios, la contricion de nuestros pecados, y la desconfianza de nuestros propios méritos. Se anunciaban las fiestas y las reuniones á son de trompeta, segun está ordenado en el décimo capítulo de los Números; y el Profeta exhorta á los jefes de la nacion á que reunan el pueblo, y en esta reunion general ordenen un ayuno solemne, y estimulen á todos, y en particular á los ministros del Señor, á apaciguar la cólera de Dios con sus lágrimas y su penitencia. Derramen lágrimas, dice, los sacerdotes postrados entre el vestíbulo y el altar, y exclamen: Perdonad, Señor, perdonad á vuestro pueblo, y no permitais que vuestra heredad cáiga en el oprobio, y que sea dominado por las naciones. ¿ Sufriréis que los extranjeros digan de nosotros: dónde está su Dios? En el estado en que entonces se hallaba el país, nada hubiera sido mas fácil á los enemigos de los judíos, que el apoderarse de ellos. El pueblo consternado, abatido por el espanto, debilitado por una hambre 12 DOM. — T. i.
horrible, apenas estaba en estado de resistir á un ejército de asirios ó de caldeos. El Profeta exhorta, pues, á los ministros del Señor, á que le pidan que no permita que su pueblo caiga bajo de la dominacion de los extranjeros, y que las naciones infieles no tengan que acusar al Dios de Israel, ó de flaqueza, ó de dureza, por haber así abandonado á su pueblo á la merced de sus enemigos. No bien el Profeta ha exhortado á todos sus hermanos á la penitencia, cuando les predice que el Señor se dejará ablandar de sus clamores. El Señor se ha conmovido, dice, á vista de sus lágrimas, y les ha perdonado; y á este perdon ha seguido todo género de prosperidades, y de una bendicion abundante. Tanta verdad es que la penitencia desarma á Dios, por mas irritado que esté, y trae la prosperidad y la calma.
El Evangelio de la misa de este dia está tomado del sexto capítulo del Evangelio segun san Mateo, en donde Jesucristo nos enseña la pureza de intencion que debe haber en el ayuno. Acababa el Salvador de enseñar á sus Apóstoles cómo debian orar, prescribiéndoles el modelo de la oracion mas excelente; y cómo debian perdonar las injurias , reservándose á sí mismo el ser el modelo mas perfecto de una caridad tan relevante. Después de haberles dado los preceptos sobre la oracion, y sobre el perdon de las injurias, les da tambien sobre el ayuno que debe acompañar y sostener la oracion. ¿Quereis saber, les dice, cuáles ayunos son santos y agradables á Dios? Son aquellos que se practican en secreto. No extrañeis que yo os prohiba el imitar á los hipócritas que ayunan, haciendo ostentacion de su austeridad; su virtud no está en el corazon sino en el rostro, y por una cara penitente, por un áire triste y austero, por ayunos largos y rigorosos, tratan de adquirir reputacion de gentes mortificadas, y con estas exterioridades afectadas é hipócritas embaucar á los hombres. Tened por cierto lo que os he dicho ya, y os digo ahora, que la recompensa de tales sugetos está reducida al honor vano con que se apacientan. Yo espero de vosotros un porte muy diferente; porque lo que yo quiero es que en los dias de ayuno os perfumeis la cabeza, y os laveis el rostro, como acostumbráis hacerlo en los dias solemnes y de regocijo, á fin de que á la sombra de un rostro festivo oculteis la austeridad de vuestro ayuno: de modo que si puede ser, solo Dios sepa que ayunais, y si es necesario, aquellos á quienes debeis dar buen ejemplo. Esto es lo que Dios quiere, esto lo que aprecia; cuanto mas ocultaréis á los hombres vuestras penitencias, tanto mas pública y gloriosa será algun dia vuestra recompensa. Un cristiano ver(laderamente penitente oculta con cuidado á los ojos de los hombres los rigores á que se condena; como no ha ofendido mas que á su Dios, á él solo es al que quiere agradar; le parecen muy pequeñas las penas con que se aflige, para no temer el que se disminuya su mérito exponiéndolas á la vista de los hombres: por tanto, solo debemos hacer á los hombres testigos de nuestra penitencia, si les hemos hecho testigos de nuestros desórdenes: el escándalo solo se repara por la conversion y la reforma de las costumbres.
En el luto y en el ayuno no se usaba de baño ni de perfumes. Cuando Jesucristo manda que se sirvan de ellos en el ejercicio de la penitencia, no se ha de estar al sentido material de las palabras: quiere solamente que estemos tan léjos de la afectacion de parecer ayunadores, que antes bien parezcamos todo lo contrario, y que en vez del aire triste y austero de los fariseos, usemos de maneras  abiertas, de un aire festivo y contento; quiere que obremos sin afectacion, sin vanidad, sin máscara, sin hipocresía: áfin, dice san Ambrosio, que no parezca, por decirlo así', que vendemos á los hombres nuestro ayuno, y que trabajamos en nuestra salud con tristeza y con pesar, tomando un aspecto sombrío y lloroso, que vaya diciendo a todos que ayunamos.
Tambien, prosigue el Salvador, hay en el mundo otra flaqueza muy comun, que es la gran pasion de adquirir bienes. El Salvador añade el desprendimiento de los bienes terrenos al precepto del ayuno , para prevenir al indecente motivo de aquellos que llevados de una avaricia sórdida, solo ayunan para ahorrar. Ayunemos de tal modo, dice san Agustín, que el ahorro de nuestros ayunos entre en el tesoro de Jesucristo por las manos de los pobres, y no venga á ser el alimento de nuestra avaricia. Yo no os impido, dice el Salvadora sus discípulos, el que junteis grandes tesoros, con tal que no sean de la naturaleza de los que se juntan en la tierra, que los consumen el orin y los gusanos, y que pueden robaros los ladrones. No os afaneis por j untar otros tesoros que los del cielo, donde no hay orin ni gusanos que los consuman, ni ladrones que excaven ni que roben: en el cielo donde los tesoros que juntareis son inalterables, inamisibles y eternos. Por otra parte, si segun el antiguo proverbio, donde está el tesoro allí está el corazon, ¿no es mas justo y mas útil levantar sin cesar vuestro corazon al cielo, querida patria vuestra, que apegarle á la tierra, triste lugar de vuestro destierro?
San Hilario explicando estas palabras de Jesucristo: no hagais, dice, vuestro tesoro de la opinion y de las alabanzas de los hombres; no espereis de ellos vuestra recompensa; esperadla únicamente de Dios. ¡ AJi! ¡ qué poco racionales son los hombres! ¡ qué poco conocen sus verdaderos intereses! no nos empeñamos con actividad mas que por los bienes de la tierra; bienes falsos, frivolos, vacíos, bienes aparentes que nada tienen de durable, y que se nos deben quitar necesariamente tarde ó temprano. ¡ Cuán ciegos somos! ¿por qué no dirigimos todas nuestras miras y nuestras solicitudes hacia el cielo, hacia las verdaderas riquezas, cuya posesion debe ser eterna, y que son las únicas que pueden para siempre llenar nuestros deseos? El justo no tiene aficion á la vida, porque cuenta como nada los bienes de que goza en ella. No ha trabajado, ni trabaja mas que para el cielo; allí está su tesoro, y por consiguiente su corazon. ¡Qué sabio, qué dichoso es este justo en no apegarse aquí abajo, donde es extranjero, y en hacer pasar lodo el fruto de su trabajo al cielo, su verdadera, su eterna patria! ¡Qué diferencia en la muerte entre el pecador y el justo! el corazon del pecador está todo en la tierra, y le es preciso dejarla; el corazon del justo está en el cielo, y la muerte le abre la entrada en él. La palabra tesoro, dicen los intérpretes, significa no solo el dinero, sino tambien los muebles, los vestidos preciosos, los repuestos de grano y de provisiones para la vida; el orín no gasta mas que el metal, los gusanos roen los muebles, los vestidos y el grano.
La Oracion de la Misa de este dia es como sigue:
Praesta, Domine, fidelibus tuis: ut jejuniorum veneranda solemnia, et congrua pietate suscipiant, et secura devotione percurrant. Per Dotninum...
Señor, conceded á vuestros fieles la gracia de que entren en la solemnidad sagrada del santo ayuno con la piedad que deben llevar á ella, y que se sostenga en toda la carrera con una devocion .imperturbable. Por Nuestro Señor, etc.
La Epístola es tomada de la profecía de Joel, capítulo n.
Haec dicit Dominus: Convertimini ad me in toto corde vestro, in jejunio, et in fletu, et in planctu. Et scindite corda vestra, et non vestimenta vestra, et convertimini ad Dominum Deurn vestrum; quia benignus et misericors est, patiens et multae misericordiae, et praestabilis super malitia. Quis scit si convertatur, et ignoscat, et relinquat post se benedictionem, sacrificium et libamen Bo
llé aquí lo que dice el Señor: Convertios á mí de todo vuestro corazon, en el ayuno, en las lágrimas, y en los gemidos. Despedazad vuestros corazones, y no vuestros vestidos, y convertios al Señor vuestro Dios; porque es bueno y compasivo, paciente y rico en misericordia, y no se deja vencer por nuestra malicia. ¿Quién sabe si se volverá á nosotros, si nos perdonará, si dejará después de sí la bendicion, á fin de que presentemos al Señor nuestros sacrificios y nuestras ofrendas?

SACADO DEL LIBRO AÑO CRISTIANO O EJERCICIOS DEVOTOS DE CUARESMA DEL AÑO 1855 
PADRE JUAN CROISSET
DISPONIBLE POR GOOGLE 

martes, 17 de febrero de 2015

CUARESMA

                                MIERCOLES DE CENIZA




 El miércoles de ceniza es actualmente el primer dia de cuaresma. Es probable que se denominase de otra manera á causa de la costumbre de los penitentes en los primeros siglos de presentarse este dia á la puerta de la iglesia vestidos de cilicios y cubiertos de ceniza.
Mas qué relación hay entre la ceniza y la penitencia? Es un monumento de las costumbres antiguas. Lavarse el cuerpo y los vestidos, perfumarse la cabeza, era el símbolo de la alegría v de la prosperidad; por el contrario, la señal de un dolor profundo era la de arrastrarse por el polvo y permanecer echado. Esto se ve todavía á veces entre las gentes de los campos que se entregan violentamente á los impulsos déla naturaleza. Un hombre que se presentaba con el cuerpo, los cabellos y los vestidos cubiertos de polvo anuncíaba por este abandono exterior el lutoy la afliccion. Los ejemplos de esto son frecuentes en la Sagrada Escritura; Job, la hisloria de los reyes, los profetas y el Evangelio hablan también de esto.
Como los antiguos cocian su pan bajo la ceniza, el no tomarse el trabajo de sacudir la ceniza con que el pan estaba cubierto era una de las señales de aflicción.
En el dia, en la Iglesia romana, el miércoles de ceniza el celebrante, después de haber recitado los salmos penitenciales y oir las oraciones, bendice la ceniza, y la pone sobre la cabeza del clero y del pueblo que la reciben de rodillas, y á cada uno de los que se la da le dice estas palabras: Acuérdate hombre que eres polvo y en polvo te has de convertir. Esta es la sentencia que Dios pronunció contra el primer pecador. Gen. c. 3, y, 19.
En la bendición de la ceniza, la Iglesia ruega á Dios que inspire sentimientos de penitencia á los que la reciban, y perdone sus pecados; el fiel que se presenta viene á ratificar por sí mismo esta oración de la Iglesia, á señalarse con la imagen de la muerte á fin de desprenderse del pecado.